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Denuncia que la justicia no hace nada por el abuso de su hija de 13

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El refrán dice “la justicia lenta no es justicia”, pero cuando la investigación no avanza, difícil que la justicia llegue. En la localidad de Recreo, departamento La Paz, desde septiembre de 2014 una madre espera justicia por su hija, que por entonces tenía 13 años. Había denunciado a un hombre de 34 años por abuso, pero a casi cuatro años aún no hay novedades en la causa.

En una charla con El Ancasti, la mujer recordó que en 2014 realizó la denuncia “y nunca se hizo nada”. Detalló que fue a la Fiscalía de la Sexta Circunscripción Judicial; allí  habló con la fiscal Virginia Duarte Acosta.

“Quise poner un abogado, pero ella me puso mil trabas. El secretario me dijo que iban a llevar a mi hija a Cámara Gesell, pero me tuvieron con vueltas. Pasaron los años y no pasa nada”, expresó.

La madre denunció por abuso. Su hija tenía 13 y el denunciado, 34 años. “Era un ‘amigo de la casa’. Iba y venía; frecuentaba mi casa. Era un conocido. Realicé la denuncia en septiembre”. Luego, comenzó a contar cómo descubrió esta situación.

IRREGULARIDAD

La niña no fue llevada a la Cámara Gesell para que le tomen declaración y tampoco a un hospital para que se aplique el Protocolo de Abuso. Un médico forense habría constatado el abuso.

“Me enteré que esta persona mandaba mensajes a mi hija. La mujer de él vino a decirme. Empecé a sospechar. Al pasar el tiempo, fui a buscar a mi hija que estaba en la clínica donde tenía a otro hijo internado. Él fue a ese lugar y se la llevó, la encerró en un local. Fui a buscarla y no me la quiso entregar. Puse una denuncia en la Policía y desde allí, al otro día, me mandaron a la Fiscalía. Puse una denuncia por abuso. Hablé con la fiscal. Mi hija no tenía madurez sexual para estar con una persona de 34 años”, explicó.

Tras la denuncia, vinieron las vueltas y así comenzó a dilatarse la llegada de la tan ansiada justicia. El secretario de la fiscalía le había dicho que se iba a solicitar turno para la Cámara Gesell, que se encuentra en la Capital y que la iban a acompañar. Nunca la llevaron, aseguró. Según la madre, hubo más irregularidades. La niña tampoco fue llevada a un hospital para que se aplique el Protocolo de Abuso.

“Después vino un perito forense que la examinó; la tocó para ver si ella tenía abuso. Como médico forense, debió haberla llevado al hospital como corresponde. Constató que hubo abuso, pero la fiscal se quedó callada. No hubo investigación. Supuestamente, se le puso una restricción, pero hasta el día de hoy pasa por el frente de mi casa. Hablé con la fiscal porque él la perseguía a mi hija cuando volvía de la escuela, pero me dijo que eso no tenía ver”, contó.

Las niñas, siempre las más vulnerables

El abuso sexual infantil (ASI) hoy en día es uno de los delitos más repudiados socialmente. Puede concretarse a través de distintos modos, como los toqueteos, acoso sexual a través de las redes sociales, la corrupción, la trata de personas o la violación. Por ello, es una de las formas de violencia que más afecta a chicos y chicas. De acuerdo con informes de UNICEF, al menos la mitad de los casos de ASI se produce en el seno del hogar:  el victimario es alguien conocido por la víctima y que por lo general no es solo conocido, sino que tiene algún grado de familiaridad.

Estudios afines al ASI indicaron que en Argentina se estima que uno de cada cinco niños y niñas son abusados por un familiar directo antes de los 18 años; la edad media de inicio del abuso es de 8 años. Otro dato que se destacó es que la gran mayoría de las víctimas serán niñas o adolescentes mujeres: ocho o nueve de cada 10 y el 70 % de las adolescentes víctimas no dirá jamás que fue abusada ni buscará ayuda. En cuanto al abusador, las estadísticas señalan a los hombres, más aún aquellos que son cercanos y de confianza de los niños y niñas.