
“Queremos ser claros, el cierre no es hoy una decisión adoptada ni el objetivo que persigue esta empresa”, afirmó Martín Brieva, integrante del directorio de Sabri, la histórica textil de Catamarca que despidió a 80 trabajadores de su planta de Recreo mediante mensajes de WhatsApp.
La comunicación por mensaje y no por telegrama laboral desató el rechazo de los abogados de los trabajadores, que cuestionaron la validez de las notificaciones y denunciaron un intento de eludir la vía formal. La planta llegó a emplear a más de 350 personas y se había consolidado como uno de los principales motores económicos de esa localidad del este catamarqueño.
Antes de los despidos, los empleados ya venían reclamando por demoras en el pago de salarios y horas extras, exigencias de producción que calificaron como excesivas y condiciones laborales deficientes. La empresa calificó la decisión como una “medida de reorganización profundamente dolorosa”.
Además, la firma ya había aplicado medidas como rotación del personal, adelanto de vacaciones y paradas técnicas por acumulación de stock. Sabri, fundada en 1984, confecciona indumentaria para marcas internacionales como Zara, Puma y Kosiuko.
Brieva firmó un comunicado en el que descartó un cierre definitivo de la planta de Recreo. La compañía atribuyó la crisis a la caída del consumo interno, el incremento de las importaciones de indumentaria desde China, Brasil e Indonesia, la presión tributaria y financiera, la desaparición de proveedores nacionales de hilados y los extensos plazos de pago que imponen las grandes cadenas comerciales.
Por debajo del 45% de capacidad
Según datos oficiales, el sector textil argentino opera con un nivel de utilización de la capacidad instalada inferior al 45 por ciento. Informes empresariales advierten además una caída sostenida de las ventas, una retracción de la producción y la pérdida de miles de puestos de trabajo en los últimos meses.
El golpe en Catamarca excede a la planta de Sabri. En Recreo, los 80 despidos afectaron directamente a familias que dependían casi en exclusiva de la actividad textil. La empresa no anunció un cronograma de reincorporación ni medidas de contención, y los trabajadores evalúan acciones legales por la forma de notificación y los incumplimientos previos. Mientras tanto, el caso de Catamarca se suma al de otros actores del rubro que achican operaciones: en Lomas de Zamora, la dueña del local Up Store anunció el cierre tras 36 años y explicó que “cerrar este ciclo es una decisión muy pensada, en un mercado que a veces parece correr solo detrás del precio, lo cual es agotador”. La empresaria agregó que “no puedo vender algo en lo que no creo, ni que yo misma usaría”, en referencia a la calidad de la indumentaria importada.
Fuente: El Aconquija










