
La Salud Mental en Catamarca atraviesa una serie de dificultades que quedaron expuestas a partir de los reclamos y advertencias formulados desde el Hospital San Juan Bautista. La falta de profesionales especializados en determinados horarios, la disponibilidad limitada de camas y las dificultades para derivar pacientes hacia otros dispositivos conforman un escenario que abre interrogantes sobre la capacidad de respuesta del sistema público provincial.
Uno de los principales cuestionamientos está relacionado con la cobertura de psiquiatría en las guardias. De acuerdo con lo señalado por la licenciada Sonia Carrizo, integrante del Departamento de Salud Mental del hospital, existe guardia de Psicología durante las 24 horas, pero los psiquiatras no están asignados al sector de Emergencias durante los días hábiles. En esos casos, frente a una crisis que requiere intervención médica, el psicólogo debe articular la atención con un médico clínico.
Salud Mental en Catamarca: un sistema que enfrenta límites de atención y derivación
La situación adquiere mayor dimensión al observar la capacidad disponible. El Hospital San Juan Bautista cuenta con 177 camas, pero solamente 14 están destinadas específicamente a Salud Mental. Cuando esas plazas están ocupadas, los pacientes pueden terminar utilizando camas correspondientes a otras especialidades, como Clínica Médica o Neurología, dependiendo de la disponibilidad existente. El dato expone una limitación concreta para una demanda que requiere espacios preparados y equipos especializados.
A esto se suma la situación de los pacientes que necesitan una atención que excede las posibilidades del hospital. Según los planteos realizados desde el área, existen dificultades para concretar derivaciones hacia otros dispositivos y algunos pacientes permanecen en el hospital central aun cuando necesitan otro tipo de abordaje. La problemática incluye también la falta de centros de día, dispositivos habitacionales, atención domiciliaria y herramientas de inserción sociolaboral, elementos considerados necesarios para sostener los tratamientos una vez superada la etapa de crisis.
Otro punto señalado es la transición de los adolescentes que cumplen 16 años y pasan del Hospital de Niños Eva Perón al San Juan Bautista. Según la advertencia realizada desde Salud Mental, ese proceso no siempre cuenta con una articulación suficiente entre ambos establecimientos. La falta de continuidad en la información clínica y de un dispositivo intermedio puede complicar el seguimiento de pacientes que ya atravesaron tratamientos o internaciones.
El problema tampoco se limita a la cantidad de camas o especialistas. Desde el propio sistema sanitario fueron mencionadas dificultades de mantenimiento, instalaciones deterioradas y problemas vinculados con la disponibilidad de profesionales. Esos elementos agregan presión sobre una estructura que debe atender situaciones de distinta complejidad y que, según los planteos difundidos, encuentra dificultades para garantizar respuestas adecuadas en todos los niveles.
En paralelo, el Gobierno de Raúl Jalil avanza con la ampliación del Hospital San Juan Bautista, una obra que contempla nuevos espacios para la guardia, consultorios, una sala de shock y sectores destinados al diagnóstico por imágenes. El proyecto representa una inversión en infraestructura, pero las advertencias de los trabajadores plantean una cuestión diferente: ampliar edificios no alcanza si persisten las limitaciones de personal especializado, camas y dispositivos comunitarios.
La discusión, por lo tanto, excede una obra puntual y coloca el funcionamiento de la Salud Mental en Catamarca frente a un desafío de gestión. Las propias declaraciones provenientes del ámbito hospitalario señalan problemas que atraviesan distintas etapas de la atención: desde la respuesta inmediata ante una crisis hasta la internación, las derivaciones y el acompañamiento posterior. El Gobierno provincial deberá responder a una demanda que no se resuelve únicamente con infraestructura, sino con recursos humanos, coordinación entre instituciones y una red capaz de evitar que el hospital central se convierta en el destino final de pacientes que necesitan otras alternativas.
El escenario también deja planteada una cuestión política para la administración de Jalil y el Ministerio de Salud: qué capacidad tiene actualmente la Provincia para sostener una política integral de Salud Mental. Los datos sobre las 14 camas específicas, las dificultades señaladas para contar con psiquiatras en Emergencias durante los días hábiles y los problemas de derivación no permiten hablar por sí solos de un colapso del sistema, pero sí muestran límites concretos que fueron expuestos desde el propio ámbito público. En ese contexto, la discusión sobre la atención de Salud Mental en Catamarca queda instalada como uno de los desafíos pendientes para la gestión sanitaria provincial.
Fuente: El Aconquija










