Aunque el tema puede haber pasado desapercibido para el gran público, poco propenso a “los detalles”, a los analistas de la política no les pasó desapercibido el comportamiento editorial del diario del señor Silvestre Zitelli a partir del 22 de noviembre de 2015, fecha en que la ciudadanía argentina consagró electo presidente a Mauricio Macri y, paralelamente, puso fin a 12 años ininterrumpidos de kirchnerismo.
No vamos a decir que antes de aquel balotaje haya existido una prédica complaciente con el movimiento político que vino desde el sur del país y, para bien o para mal, dejó su impronta en la historia reciente. Se le señalaban macanas grandes y macanas chicas -también méritos-, pero se lo hacía con sumo cuidado. Una vez que las urnas dieron su veredicto, siguiendo la línea de los poderosos medios metropolitanos, El Ancasti apuntó todos los cañones contra el supuesto régimen, al que culpó de todos y cada uno de los males de la Argentina. ¿No será mucho?
El Esquiú.com, ni por cerca, va a hacer las veces de exégeta del kirchnerismo ni de ninguna expresión partidaria que no esté a favor de los intereses argentinos y catamarqueños, pero como El Ancasti acaba de acusarnos de haber participado de un “aparato de propaganda” pagado estos años por el Estado, vamos a intentar poner las cosas en claro y tratar, en lo posible, de explicarles a los ciudadanos “cómo era nuestro kirchnerismo” con relación “al antikirchnerismo” de El Ancasti.
El doble discurso
Como lo expresamos en varias oportunidades, a El Esquiú.com le endilgaron el mote de “kirchnerista” y lo acusaron de recibir una pauta desmesurada en relación con su poder de circulación que, aparte de ser importante, dispone de la web como su gran motor para llegar masivamente al público.
Tenemos cómo demostrar tamaña falsedad que, desde las sombras, fue impulsada por la simbiosis que, desde hace décadas, estructuraron Zitelli y los caciques mayores del radicalismo, primero Oscar Castillo, después Brizuela del Moral y, desde la derrota de este último, de nuevo Castillo.
Nunca nadie, en los últimos 28 años, tuvo mayor pauta que El Ancasti a niveles provincial y nacional. Y no sólo pauta, sino prebendas como obras públicas -2.000 viviendas, obra
millonaria de cloacas que no se terminó, alguna escuela, etc.-, diferimientos impositivos, planes laborales y maniobras para inyectar dinero al hotel del mismo nombre (¿se acuerdan del equipo de vóleibol formado por la totalidad de jugadores foráneos?).
Lo que recibió El Esquiú.com, entre 2010 y 2011, fue publicidad pura y limitada a extremos inconcebibles. ¡Así fueron sus penurias para avanzar en el tiempo! Baste con recordar la protesta de empleados por ostensibles retrasos salariales, una deuda imposible de pagar con la Afip y nueve meses de atraso, nada menos y nada más, con la imprenta que ponía el papel y los insumos para que el diario siguiera existiendo.
Con estas condiciones y otras borrascosas ventiscas pudimos sobrevivir, mientras el diario líder -si tiene el favor del público por algo será- operaba subterráneamente por nuestro cierre. ¿Cómo se puede entender que desde el 13 de marzo hasta el 10 de diciembre de 2011 El Esquiú.com no haya recibido ni un mísero aviso, pero ni uno solo, del gobierno de Brizuela del Moral, mientras El Ancasti y La Unión se repartían verdaderas fortunas? Que los lectores saquen sus propias conclusiones.

Allende nuestras fronteras, los negocios publicitarios de El Esquiú.com fueron de mal en peor. El gobierno de Cristina Kirchner, que repartió cientos de millones de pesos en sus años de esplendor (sus grandes beneficiarios fueron los Cristóbal López, los Báez, los Rudy Ulloa, los Spolzky y otros “famosos”), a nuestro diario le hizo el “favor” de entregarle una pauta mensual de $40.000 a cambio de una publicación llamada AEN -con costos de papel e impresión- que promocionaba actividades de la Casa Rosada y por la que a El Ancasti le “garpaban” el doble. Para peor, y por las dudas alguien siga creyendo el verso de nuestra actitud partidaria, en los últimos tres años -2013, 2014 y 2015- no nos pagaron una moneda. Por cierto, a esta deuda la vamos a reclamar por la vía que legalmente corresponda. Es que cualquiera sabe que, por la inflación, 40.000 de hace tres años son ahora 10.000.
Los “antikirchneristas”
Las peripecias arriba señaladas tuvieron su contrapartida en El Ancasti, el diario de Silvestre Zitelli, un perfecto sofista de los tiempos modernos. Utilizó siempre argumentos falsos para hacer creer que su diario era de oposición, cuando en realidad lo era de conveniencia y de la más ruinosa de todas ellas, la económica.
Efectivamente es así. Aparte de la jugosa pauta que recibió El Ancasti durante los 12 años del kirchnerismo, tuvo otras canonjías. Por lo pronto vamos a señalar solamente algunas, susceptibles de ser comentadas en extenso en próximas ediciones:
– Fue receptor de “valijas” que, a través de asesores provinciales y nacionales, llegaron a sus manos con plata negra. Ocurría durante las campañas que llevaba a cabo la fracción política que, según usted, es la culpable del desastre argentino. ¿Por qué, entonces, tener tratos con los jinetes de la corrupción? Si el propietario de El Ancasti está pensando en llevar este tema a la Justicia, por las dudas, le adelantamos que disponemos de los testimonios de quienes fueron testigos presenciales calificadísimos.
– Del mismo gobierno que hizo de la corrupción un modus operandi, como le llaman los cobra-sueldos que escriben venenosas falsedades, acogió el decreto 1145 del 31 de agosto de 2009, autorizado por el “impresentable” Aníbal Fernández, para que las empresas periodísticas canjearan deudas previsionales con la Afip. Para que se tenga una idea de qué estamos hablando, hace 7 años, el “favor” ascendía a más de 10 millones. ¿Qué tal?
– Con el mismo kirchnerismo que, según Zitelli, infectó la Argentina, arregló para prorrogar y mantener los contratos que, en la ciudad de Pilar, le permiten operar el sistema de cloacas, que arroja réditos multimillonarios.
– Durante la campaña electoral que terminó el 22 de noviembre, el señor Zitelli -cual cholulo de cuarta- se fotografió con presidenciales y estampó en la tapa de su diario “compromisos a futuro”. ¿O una foto no es eso? El encuentro con Scioli, que era el candidato peronista con “la bendición” de Cristina, no fue casual. Estuvo preparado de antemano y habla por sí mismo. Si ganaba el exmotonauta, como ahora canta loas a Mauricio Macri, hubiese sido su preferido de turno. ¿Qué duda cabe de esto si la historia certifica los vaivenes ideológicos y editoriales del diario que se autotitula “servidor público”?
Hace muy pocos días, guiado por un fallo judicial que nada tiene que ver con El Esquiú, el diario de calle Sarmiento inició una “guerra santa” realizando acusaciones de grueso calibre, aunque se cuidó de dar nombres.
Este diario, por un elemental principio periodístico, sí va a dar nombres todas las veces que sea necesario y, de hecho, acepta el desafío de cara a la sociedad. No tiene qué esconder y cuenta con directivos que son sinónimos de probidad y decencia, cualidades que, se sabe, no son comunes a todos los mortales.










