—Ya lo escucharon al Presidente. Al que le guste bien, al que no ya sabe qué hacer.
La frase cayó en el Salón Eva Perón de la Casa Rosada apenas unos segundos después de que Javier Milei abandonara la reunión de gabinete. Acababa de protagonizar una defensa cerrada de Manuel Adorni frente a sus ministros. Ya en su ausencia, el jefe de Gabinete tomó la palabra y dejó ese mensaje sin matices. No era una explicación ni una invitación al debate. Se trataba de una advertencia respaldada por el único aval que realmente importa dentro del oficialismo: el del propio libertario.
La escena ocurrió en una semana particularmente sensible. Era la tarde del 8 de mayo y el clima estaba cruzado por los primeros cuestionamientos acerca de la demora de Adorni en la presentación de su declaración jurada patrimonial, la que finalmente dio a conocer el viernes. Patricia Bullrich, titular del bloque libertario en el Senado y una de las dirigentes con mayor peso político de La Libertad Avanza, acababa de reclamar públicamente que el jefe de Gabinete presentara de una vez la documentación. El planteo generó inquietud en Balcarce 50: la exministra no estaba cuestionando a un funcionario cualquiera. Estaba poniendo el foco en uno de los alfiles predilectos de Karina Milei.
Más de un mes después, la historia está lejos de haber terminado. La declaración jurada presentada por Adorni ante la Oficina Anticorrupción mostró una evolución patrimonial significativa: pasó de declarar bienes por $662,6 millones a informar un patrimonio de $944,6 millones al cierre del período. Un crecimiento que, durante la entrevista con LN+ del miércoles por la noche, intentó explicar mediante ganancias obtenidas con bitcoin y ahorros “en negro” acumulados durante años junto a su esposa. Lejos de cerrar la discusión, sus argumentos abrieron nuevas preguntas. Y Bullrich volvió a aparecer en escena.
“Esto es más que un error. Es una omisión ética y nuestro Gobierno tiene la moral como política de Estado”, sostuvo la senadora en declaraciones a la agencia NA. Después fue todavía más lejos: “Y ahora será la Justicia la que tendrá que determinar”. La paradoja es que todo esto ocurre alrededor de un dirigente que hasta hace apenas unos meses era mencionado regularmente en las conversaciones internas del oficialismo como una de las opciones más competitivas para encabezar una futura candidatura en la ciudad de Buenos Aires. Leal a Karina Milei y convertido en una de las caras más conocidas del Gobierno, Adorni parecía reunir varios de los requisitos que La Libertad Avanza necesitaba para construir una oferta electoral competitiva en territorio porteño, como ya había ocurrido exitosamente en las elecciones de 2025.
Ese escenario empezó a desmoronarse en marzo, cuando estalló la polémica por su viaje a los Estados Unidos en el avión oficial junto a su esposa, Bettina Angeletti, y comenzó la investigación judicial que todavía sigue abierta. La transformación tuvo efectos concretos sobre su desempeño cotidiano. Cuando asumió como jefe de Gabinete, el karinismo esperaba que Adorni evolucionara desde su rol de portavoz hacia funciones más clásicas de coordinación política y administrativa. Que ordenara la relación entre ministerios y se transformara en un articulador de la gestión. Sin embargo, desde que estalló la controversia patrimonial, su agenda parece haber quedado empantanada.
La reunión de mesa política del viernes reflejó con bastante precisión esa tensión. Mientras el Gobierno intentaba retomar su agenda legislativa y discutir proyectos como la reforma política, el Super RIGI o la ley de lobby, una parte importante de las conversaciones seguía orbitando alrededor de Adorni. La imagen que trascendió del encuentro buscó transmitir otra cosa: se ve a Patricia Bullrich soplando la vela de cumpleaños 70 rodeada por el resto de la plana mayor oficialista. El detalle es que la torta la había llevado el propio jefe de Gabinete, tal como había anticipado la noche anterior en LN+.
La foto mostró, una vez más, que Adorni conserva un lugar privilegiado dentro del esquema de poder libertario. Pero también dejó en evidencia una paradoja. ¿Cuánto tiempo puede dedicar un jefe de Gabinete a explicar su patrimonio sin que eso termine afectando el rol para el que fue designado? No casualmente, de esa misma reunión surgió la decisión de que vuelva al Senado durante julio para presentar su informe de gestión. En la Casa Rosada lo presentan como una obligación institucional. Otros lo interpretan como un intento de recuperar iniciativa política y escapar, aunque sea por unas horas, de una agenda que desde marzo parece perseguirlo siempre hacia el mismo lugar.
La historia sin fin
El clima al interior del oficialismo está lejos de ser homogéneo. Existen funcionarios que consideran que la situación terminará disipándose y que el respaldo de Milei alcanzará para atravesar la tormenta. Otros creen que la explicación ofrecida por Adorni dejó abiertas más preguntas de las que cerró. Lo que prácticamente nadie discute es que el episodio modificó la dinámica de funcionamiento de la Casa Rosada. Desde marzo, una parte significativa de las conversaciones políticas alrededor del jefe de Gabinete gira menos alrededor de sus decisiones de gobierno que de sus estrategias de defensa.
La situación genera incomodidad ya que la cuestión no es solamente jurídica. Es, sobre todo, profundamente simbólica. Durante los últimos años, el Gobierno hizo del discurso contra los privilegios de la dirigencia tradicional uno de los pilares de su identidad política. En ese sentido, las palabras de Bullrich parecen buscar hablarle a su propio electorado, al expresar su preocupación genuina acerca del desgaste que indefectiblemente tiene una controversia tan prolongada en el tiempo. No fue la única señal en esa dirección. El PRO, por ejemplo, difundió un mensaje breve pero cargado de significado dirigido directamente a Milei: “Queremos que defienda el cambio, no a Adorni”.
En los últimos meses, la Casa Rosada creyó en varias oportunidades que el asunto estaba cerca de quedar atrás. Sin embargo, cada nuevo capítulo terminó reabriendo la discusión. Las burlas que se multiplicaron en redes sociales después de la entrevista en LN+ fueron apenas la última manifestación de un deterioro que se arrastra hace tiempo y sin un fin en el horizonte. ¿Cuántas veces puede un gobierno volver sobre el mismo tema sin que eso termine generando un costo político insalvable?
Los hermanos Milei, por ahora, parecen aferrarse a una convicción simple: considerar inocente a Adorni hasta que la Justicia demuestre lo contrario. Pero cada vez que parece haber encontrado una respuesta definitiva, aparece una nueva pregunta. Cada vez que cree haber cerrado la discusión, la discusión vuelve. En política, pocas cosas erosionan tanto como quedar atrapado en un loop del que no se encuentra una salida convincente.
PL/MG










