
El incesante movimiento logístico asociado a los proyectos extractivos en la Puna instaló en la agenda pública una faceta poco visibilizada del impacto ambiental en Catamarca. Mientras el Gobierno provincial promociona en paneles ejecutivos la expansión de los salares y el incremento del empleo, pobladores del oeste y transportistas advierten sobre el deterioro de la calidad del aire generado por las nubes permanentes de polvo y las emisiones del transporte pesado en caminos no pavimentados.
La problemática se concentra a lo largo de las rutas provinciales y huellas secundarias de Antofagasta de la Sierra, Belén y Tinogasta. El tránsito diario de cientos de camiones de gran porte y vehículos utilitarios que abastecen a los yacimientos de litio levanta densas columnas de material particulado que permanecen en suspensión durante horas debido a los intensos vientos cordilleranos y a la extrema aridez del terreno.
Vecinos de las comunidades puneñas denuncian que la acumulación de polvo sobre pastizales naturales y vegas afecta directamente la alimentación del ganado camélido y ovino, principal sustento de la economía tradicional de subsistencia. Asimismo, la sedimentación de partículas minerales y cenizas en cursos de agua a cielo abierto altera las fuentes de consumo, sin que se observen planes sistemáticos de riego o mantenimiento vial por parte de las empresas operadoras.
A este escenario se suman los riesgos sanitarios derivados de la inhalación cotidiana de partículas en suspensión en zonas de altura. Pobladores locales y trabajadores del transporte advierten por afecciones respiratorias y visuales recurrentes provocadas por el viento blanco combinado con el polvillo levantado en los caminos mineros, un cuadro que sobrecarga a las ya precarias postas sanitarias del interior provincial.
Rutas sin pavimentar, material particulado y la falta de control sobre el impacto ambiental en Catamarca
La respuesta estatal ante el deterioro atmosférico en los corredores cordilleranos evidencia severas limitaciones operativas. Aunque la Secretaría de Minería y el área de Medio Ambiente provincial aseguran fiscalizar los proyectos, las comunidades reclaman la ausencia de estaciones fijas de monitoreo de calidad del aire que permitan medir el material particulado PM10 y PM2,5 de manera continua e independiente a lo largo de las rutas de acarreo.
Esta desatención institucional coincide con las denuncias sindicales sobre irregularidades en las plantas de tratamiento, como las clausuras preventivas dictadas por AOMA en Fiambalá tras constatar faenas sin protecciones básicas ni redes contra incendios. La precariedad en el manejo operativo en las bases extractivas profundiza los temores vecinales respecto a la emisión no controlada de gases y polvaredas en las etapas de secado y molienda del mineral.
La persistencia de estas afecciones en los departamentos del oeste interpela el relato de sustentabilidad extractiva y expone el verdadero costo del impacto ambiental en Catamarca. Con rutas colapsadas por el polvo, economías agroganaderas perjudicadas y organismos de fiscalización ausentes en los caminos de altura, los habitantes de la Puna reclaman obras viales y controles ambientales efectivos antes de que el daño atmosférico comprometa de forma irreversible la habitabilidad de sus pueblos.
Fuente: El Aconquija










