Por Horacio Rovelli. Economista UBA
Si bien es cierto que el porcentaje de la deuda externa (en torno del 170% del PIB) es similar entre la Grecia actual y la Argentina del año 2002, así como idénticos son los sectores interesados que pretenden cobrar (grandes bancos acreedores y grandes empresarios que aparecen endeudados pero que en realidad son auto préstamos, esto es, fugaron capitales y luego lo retornan como crédito), la diferencia es abismal en cuanto a la decisión de la máxima autoridad de un país (Néstor Kirchner) y del otro (Alexis Tsipras).
En efecto, en ambos casos la deuda externa significó el financiamiento de la fuga de capitales y el déficit en la cuenta corriente, que tanto en la Argentina 2001, como la Grecia del 31/12/2014, implica un 4,5% del PIB (déficit basado en que tanto el 1 a 1 de Cavallo como sujetarse al euro de Grecia, limitan las exportaciones y favorecen la sustitución de producción local por importaciones),desequilibrio macroeconómico ocasionado por la misma combinación de altas tasas de interés, reducciones arancelarias y un tipo de cambio fijo con el dólar (la convertibilidad Argentina) y la pertenencia al euro de Grecia.
También para los dos países el gobierno conservador pretendió continuar con su plan de valorización financiera del capital en base a la desocupación y el cierre de fábricas, y ante la corrida bancaria adoptan la limitación del retiro de dinero de las entidades financieras (corralito y corralón), y hasta se parece la tonta concepción de amplios sectores de la población de continuar como medicina la droga que agrava la enfermedad, la paridad peso dólar en nosotros y la pertenencia al euro de Grecia, dado que el tipo de cambio en el mediano largo plazo refleja la productividad promedio de un país y la nuestra es inferior a la de los EE.UU., y la de ellos es menor que la de Alemania, Francia o Italia.
Pero la diferencia es la actitud, en la Argentina asume Néstor Kirchner con la convicción que la deuda fue engendrada a espaldas del pueblo argentino y que debía reducirse fuertemente y extenderse los plazos (los canjes realizados en el año 2005 y 2010 implican una quita promedio del 65% del capital adeudado y la prolongación de los plazos hasta el año 2028), solamente basado en un frente inorgánico que había expulsado al gobierno de De la Rua y a los que le sucedieron. En cambio, en Grecia existe un partido político (Syriza) que desde que asumió el gobierno del país heleno, en enero de este año, hasta el referendo del 7 de julio, mantuvo firme la propuesta de tener un propio plan que priorizara el empleo y la producción griega, plan que es defendido por un amplio sector de ese partido y que al no ejecutarse obliga a renunciar a su ministro de finanzas Yanis Varoufakis, a su viceministra y a importantes funcionarios del gobierno encabezado por Alexis Tsipras.
El primer ministro griego fue a la sede de la Unión Europea en Bruselas –Bélgica–y aceptó acordar un plan denominado “Reformas urgentes para la negociación en vista de acuerdo con el Mecanismo de Estabilidad Europea (MEDE)”, para remitirlo el 14 de julio al parlamento griego como proyecto de ley, con el objetivo de realizar un tercer rescate de 86.000 millones de euros para cumplir con las obligaciones de deuda de los próximos tres años.
La normativa consta de solo dos artículos. El primero trata sobre la ratificación del documento resultante del Consejo Europeo, en el que se establecen las condiciones y el acuerdo marco para iniciar las negociaciones.
En el segundo se incluyen una serie de reformas referidas al impuesto del valor añadido (IVA), nuevas medidas tributarias, el fortalecimiento del tratamiento penal de la evasión fiscal, reformas en las pensiones y la seguridad social (que incluye un congelamiento de las mismas hasta el año 2021), la garantía de la independencia de la Autoridad de Estadística Helena (Elstat) y la creación de una autoridad fiscal prevista en el Tratado de Estabilidad.
En concreto, se refiere a la introducción de tres tipos de IVA, del 6,5 por ciento al 6 por ciento para medicamentos, libros y teatro; un 13 por ciento para alimentos básicos, hoteles, energía y agua, y un 23 por ciento para el resto, incluida la gastronomía, a la que actualmente se le aplica un 13 por ciento.
La propuesta del renunciante ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, no era abandonar el euro y adoptar el dracma (la moneda griega antes del 1 de enero de 1999), políticas para las que no se tenía mandato, sino emitir pagarés como medio propio de pago, y tomar control del Banco de Grecia, para que en forma independiente financie la producción y el empleo de ese país.
Paralelamente, el mismo martes 14 de julio, el FMI, miembro conspicuo de la “troika” conformada con la Unión Europea y con el Banco Central Europeo, que impone condiciones a la población de la región, reconoce que Grecia necesita un urgente alivio de la deuda que “va mucho más allá de los planes que ha presentado la Unión Europea”. El FMI calcula que muy pronto la deuda será equivalente a un 200 por ciento de un PBI y va a resultar menos amortizable todavía que la deuda actual.
El FMI asevera que los objetivos fiscales del MEDE son de ciencia ficción, que las previsiones de crecimiento son demasiado optimistas, que los 86.000 millones de euros de rescate que plantea Europa no son ni mucho menos suficiente, que los bancos tienen una gestión lamentable y que es una quimera que una economía como la griega mantenga un superávit fiscal del 3,5% del PIB “durante décadas” como le exige el plan europeo, y propone (estamos hablando del FMI) una fuerte quita de la deuda griega (que debería rondar el 65%, decimos nosotros, si quieren tener una salida digna a la situación).
En síntesis, la política de desendeudamiento argentino con los dos canjes de los años 2005 y 2010 logró que los servicios de la deuda externan rondaran el 1% del PIB anual, y al pagar todas las obligaciones con el FMI pudo hacer un plan independiente sin ningún tipo de condicionante que permitió que la Argentina creciera a tasas chinas hasta el año 2010.
En cambio, en Grecia, la aceptación de los términos impuestos por Alemania, sobre todo, rector de la Unión Europea, para que sus banqueros y empresarios cobren en euros y el 100% de sus acreencias, provoca una fuerte reducción del gasto público, de los salarios y, con ello, del consumo y nivel de vida de la población, en lo económico, y en lo político, que el partido Syriza, que es la coalición de la izquierda radical de ese país, se fraccione, debilitando más aún al gobierno, con lo que si su primer ministro intenta cumplir con el MEDE deberá enfrentar a su pueblo y el resultado no puede ser otro que el fin de su mandato y de la peor manera.








