
La intensa circulación de transporte pesado y las voladuras en canteras reavivaron el debate por el deterioro ambiental de la minería en Catamarca. Vecinos y productores de los departamentos cordilleranos y valles circundantes denunciaron la presencia constante de nubes de polvo en suspensión y sedimentos minerales, advirtiendo que la falta de barreras de contención altera la calidad del aire y compromete la salud respiratoria de las poblaciones cercanas a los yacimientos.
El conflicto se agudiza por la inexistencia de estaciones públicas de monitoreo continuo que midan en tiempo real la concentración de material particulado PM10 y PM2.5 en las zonas de extracción de roca y salares de litio. Organizaciones socioambientales señalan que los organismos provinciales no realizan mediciones independientes y convalidan únicamente los informes de autocontrol que presentan las corporaciones privadas, omitiendo estudios toxicológicos sobre el polvillo que el viento de altura traslada hacia áreas pobladas.
A este escenario se suma el impacto logístico del procesamiento industrial en la Puna y el oeste provincial. Cientos de camiones de gran porte circulan a diario por caminos consolidados sin riego adecuado ni pavimentación, levantando densas capas de tierra que cubren pastizales y afectando la ganadería de subsistencia, en un contexto donde el uso masivo de generadores diésel en las plantas añade emisiones de combustión continua en ecosistemas áridos extremadamente frágiles.
Pese a que las cámaras empresarias afirman que operan bajo estándares internacionales de mitigación, las asambleas territoriales sostienen que no existe acceso público a las auditorías ambientales provinciales. La negativa a transparentar los datos técnicos alimenta la desconfianza ciudadana en distritos donde los vecinos ya han protagonizado reclamos directos ante el avance de cateos sin consulta previa informada.
Hermetismo ambiental y fundados cuestionamientos a Raúl Jalil
La pasividad oficial ante la polución y la degradación del entorno reactivó fundados cuestionamientos hacia Raúl Jalil. Diversos sectores comunitarios critican que el Ejecutivo provincial acelere permisos de explotación y promueva beneficios fiscales extraordinarios para las multinacionales, mientras el Ministerio de Agua, Energía y Medio Ambiente desatiende la fiscalización elemental sobre las emisiones que respiran las familias de los pueblos del interior.
A este déficit de control se añade la contradicción entre el discurso de desarrollo sustentable pregonado en foros de negocios y el desamparo sanitario real de los departamentos mineros. Profesionales de la salud de las áreas afectadas advierten un incremento estacional de patologías respiratorias y alergias oculares en niños, sin que la administración provincial destine infraestructura médica adecuada para atender intoxicaciones o realizar seguimientos epidemiológicos serios en las zonas de influencia.
La persistencia de emisiones no reguladas y el polvo en suspensión exponen las fallas estructurales de la minería en Catamarca. Con comunidades rurales en alerta por el aire que respiran y un Ministerio de Minería que elude publicar mediciones de calidad atmosférica, la sociedad exige al Poder Ejecutivo provincial auditorías ambientales independientes antes de continuar habilitando frentes extractivos en el territorio.
Fuente: El Aconquija










