
El paso de temporales severos con ráfagas superiores a los 100 kilómetros por hora en la cordillera reactivó los cuestionamientos hacia la minería en Catamarca. Pobladores de la Puna y de los valles del oeste advierten sobre la densa polvareda con material particulado que invade las zonas habitadas, deteriorando de manera alarmante la calidad del aire sin que existan mediciones públicas independientes ni auditorías estatales transparentes en los distritos afectados.
La principal controversia radica en la ausencia de estaciones de monitoreo continuo gestionadas de forma directa por el Estado provincial. Mientras las operadoras privadas exhiben estudios propios que aseguran cumplir los límites reglamentarios de salubridad, los habitantes de Andalgalá y Antofagasta de la Sierra denuncian que las inspecciones oficiales son esporádicas y programadas, omitiendo registrar los picos de dispersión eólica durante las jornadas de temporal severo y viento Zonda.
A las tareas de remoción en los yacimientos se acopla el impacto del transporte pesado sobre caminos no pavimentados. Extensas caravanas de camiones con insumos industriales y maquinaria circulan a diario por huellas rurales que carecen de riego preventivo, levantando nubes de polvo mineral que penetran en las viviendas y arruinan las cosechas de nogales, membrillos y viñedos de los pequeños productores.
Este cuadro de contaminación suspendida genera consecuencias directas en la salud comunitaria. Las salas de primeros auxilios y postas sanitarias del interior provincial carecen de especialistas en toxicología y de equipamiento para certificar si el incremento de afecciones bronquiales y alergias crónicas responde a la exposición continua a micropartículas dispersas por el viento.
Viento Zonda, rutas sin regar y el reclamo ambiental por la minería en Catamarca
La falta de respuestas ante el deterioro del aire interpela de lleno las prioridades del gobernador Raúl Jalil y de los organismos ambientales provinciales. Aunque el discurso oficial pondera la sustentabilidad corporativa, el Ministerio de Agua y Medio Ambiente no instaló tecnología de control telemétrico para medir emisiones en tiempo real en los accesos comunitarios colindantes a las faenas.
Esta marcada desidia fiscalizadora contrasta con las ganancias comerciales del sector extractivo. Pese a que las exportaciones provinciales treparon un 195% en tres años impulsadas por el litio, esos recursos extraordinarios no se volcaron en asfaltar accesos, tecnificar postas rurales ni dotar de infraestructura básica a los municipios que soportan la carga ambiental cotidiana.
La combinación de vendavales andinos y pasividad oficial desnuda las deudas pendientes de la minería en Catamarca. Con familias expuestas a respirar polvo industrial y un Gobierno que delega los controles en las propias mineras, la comunidad exige auditorías urgentes que garanticen el derecho básico a la salud y a un ambiente sano.
Fuente: El Aconquija










