
El dramático cuadro que atraviesa un trabajador retirado por invalidez dejó al descubierto las severas falencias en los dispositivos de asistencia pública ante la creciente vulnerabilidad social en Catamarca. Oscar Moya, un vecino sin empleo formal ni vivienda propia, reveló el calvario que enfrenta a diario al encontrarse al borde del desalojo y la indigencia absoluta, en un contexto de desamparo institucional donde las dependencias oficiales no brindan soluciones a los casos de extrema gravedad habitacional y sanitaria.
El testimonio expone una realidad socioeconómica alarmante: su único ingreso mensual proviene de un trámite burocrático derivado de una pensión convertida en renta vitalicia, por la cual percibe la suma irrisoria de $12.000 mensuales. Con ese monto inviable para subsistir en el Valle Central, el damnificado dependía de labores informales como cuidador y sereno en obras de construcción, actividad que quedó totalmente paralizada hace más de un mes dejándolo sin recursos básicos.
La urgencia habitacional amenaza con dejarlo en la calle en cuestión de días. Actualmente, Moya ocupa de manera provisoria un inmueble en construcción que debe ser entregado de inmediato a sus propietarios, obligándolo a desalojar el lugar de manera inminente sin contar con ahorros, subsidios de alquiler o un refugio estatal disponible para guarecerse.
A este desamparo habitacional se suma un delicado cuadro médico que agrava su estado general. El afectado padece de dolores articulares crónicos y un diagnóstico confirmado de pénfigo vulgar, una patología dermatológica de alta complejidad que genera dolorosas llagas en la piel y demanda tratamientos farmacológicos continuos que no puede costear.
Falta de cobertura médica, desamparo estatal y la extrema vulnerabilidad social en Catamarca
El cuadro de abandono se profundiza por la ausencia total de cobertura de salud pública o de obras sociales como PAMI para suministrarle los remedios recetados. Debido a su condición física limitante, Moya no puede realizar tareas que impliquen fuerza corporal o desgaste mecánico, por lo que su único reclamo es acceder a un puesto laboral como cuidador que le permita costear una habitación y comprar sus medicamentos.
Ante la falta de respuestas efectivas en las áreas de desarrollo social y los organismos de contención provincial, el hombre debió recurrir a la solidaridad de la comunidad para evitar quedar a la intemperie. La difusión de su contacto directo (3834-557033) refleja el recurso desesperado de los sectores desprotegidos frente a un sistema asistencial burocrático que no interviene de forma urgente en emergencias humanas críticas.
El caso visibiliza el impacto de la vulnerabilidad social en Catamarca sobre personas con discapacidad o afecciones de salud que quedan fuera del mercado laboral. Con haberes de subsistencia pulverizados y sin una red estatal que garantice techo y medicación básica, la situación de Moya interpela a los organismos públicos sobre la necesidad de intervenir de inmediato para evitar que ciudadanos en riesgo queden desamparados en la vía pública.
Fuente: El Aconquija










