Un negociador clave de Casa Rosada plantea la idea como un ejercicio teórico, hoy indecible en las inmediaciones de los Hermanos Milei: una primaria dentro de la alianza oficialista podría servir para apuntalar la candidatura a la reelección.
No es un escenario que esté sobre la mesa de negociaciones con probables aliados, ni el más deseable para la ultraderecha, pero la fuente, transmite una lógica que describe como “realista”.
Ocurre que la anulación de las primarias abiertas, simultáneas s obligatorias (PASO), como pretende el Ejecutivo, está lejos de tener el camino allanado en el Congreso. La moneda está en el aire, los antecedentes juegan a favor de conseguir a algún imitador del senador Kueider dispuesto a dejarse convencer, pero nadie puede asegurar un resultado favorable para el objetivo de los Milei.
A la resistencia del peronismo y la izquierda, que supuestamente serían los más perjudicados por una reforma tendiente a atomizar la oferta opositora y dar rienda suelta a la privatización total del financiamiento de las campañas, se suma la de algunos dirigentes de la UCR, el PRO y algún partido provincial. Los socios del oficialismo temen ser borrados del mapa por La Libertad Avanza (LLA) si se va directamente a la primera vuelta, sin primarias. En el mejor de los casos, podrían quedar recluidos a gobiernos locales, sin peso nacional.
Siempre en el plano teórico, la fuente razona que un Milei con un nivel de aprobación personal en torno a 35%, con tendencia a la baja, y un apoyo al gobierno algo superior, enfrenta demasiados riesgos si acude a la cita de las primarias de dentro de un año como nombre único de la boleta oficialista y un desgaste marcado por la economía.
En el Palacio de Hacienda ya rebajan la previsión de Caputo a un pasaje árido hasta el último bimestre del año, con un hipotético repunte en 2027, que —admiten— no será nada del otro mundo
El pronóstico de los mejores 18 meses de la historia anunciado por Luis Caputo en abril compite por quedar como una frase antológica del estilo “hay que pasar el invierno” de Alsogaray, “qué lindo es dar buenas noticias” de De la Rúa, “los brotes verdes” de Macri. Las caídas interanuales de 5% en la industria y la construcción aceleraron la percepción de que el país se metió en una recesión que afecta todo, menos Vaca Muerta, el agronegocio y las finanzas. Aparecieron economistas y comunicadores imbuidos de fe mileísta que piden aflojar el dogma. Vislumbran que, con el deterioro acelerado del mercado laboral, las estadísticas retorcidas de Milei y Federico Sturzenegger no sirven para mucho.
En el Palacio de Hacienda ya rebajan la previsión de Caputo a un pasaje árido hasta el último bimestre del año, con un hipotético repunte en 2027, que —admiten— no será nada del otro mundo. El propio Caputo dejó de repetir aquel anuncio rimbombante incluso ante los sets amigables que le preparan en LN+ o en la Universidad Di Tella. Mantiene la sorna, se ancla en que “la gente se dio cuenta”, les pide a sus admiradores que insten a sus padres a sacar los dólares del colchón, pero de los 18 meses fantásticos, ni noticias.
La fuente —siempre en el plano teórico— razona que un Milei con lo propio, “con un piso similar superior al 30% que obtuvo en las PASO de 2023”, más lo que pueda aportar dentro de la primaria de LLA y aliados una postulación menos insultante, menos negadora del estancamiento, podría ganar competitividad para la primera vuelta.
Así, las PASO actuarían como un reaseguro. “No sólo aumentás el volumen frente a una primaria peronista que puede estar más entretenida, sino que bloqueás aventuras por afuera que nos podrían costar caro”, indica el teórico oficialista, que en su fase práctica se suma al objetivo urgente pero improbable de eliminar las primarias.
Convencer al Soez, contener a Patricia
Otra fuente de primer orden del gobierno descarta toda posibilidad de primarias entre Milei y un aliado. “El gobierno va a eliminar las PASO, y si no lo hace porque la política juega en contra, Milei va solo. Jamás habría una PASO en el oficialismo”.
Hasta ahora, una eventual primaria oficialista no formó parte de las discusiones bimensuales LLA-PRO entre Diego Santilli, Eduardo Menem, Martín Menem, Cristian Ritondo y Fernando de Andreis en Casa Rosada. Ante un cambio de criterio, de ese grupo —al que se sumó Karina Milei esta semana— tendrán que salir argumentadores capaces de convencer a la singular psiquis del Soez de que “el mejor Presidente de la historia”, “el domador de mandriles”, el impartidor de “masterclasses” se queda sin nafta y necesita de alguna alquimia innovadora.
Mientras el proyecto de eliminación de las PASO mantenga vida en el Senado, el foco estará puesto allí. ¿Patricia Bullrich da todo de sí para lograr el objetivo?
Por algún motivo, la Hermana intuye que la senadora —cada vez más explícita en sus matices y “preocupación por la velocidad, para que el crecimiento llegue a los hogares”— no termina de sumarse al clamor anti-PASO.
Acaso tanto Karina como Patricia barajan que el escenario virtuoso de una primaria que “aumentaría el volumen” de la boleta oficialista podría transformarse en un enorme riesgo para Javier. Aquella “terrorista que ponía bombas en jardines de infantes” atacada por el ultra en 2023 sabría cómo protagonizar su enésima reinvención hacia la opositora interna capaz de quedarse con todo, para entusiasmo del círculo rojo.
Mientras el proyecto de eliminación de las PASO mantenga vida en el Senado, el foco estará puesto allí. ¿Patricia Bullrich da todo de sí para lograr el objetivo?
Hay una explicación menos grandilocuente sobre la trabazón en la cámara alta. “Karina se sumó al whatsapp de los senadores y eso a Patricia le embola un montón. Patricia puede no estar poniendo toda su energía para mostrarle a Karina que la necesitan”, razona una voz conocedora de esa relación.
Subyace una pregunta de fondo. ¿La Patricia que se permite hablar como disidente, casi como una opositora amigable que critica, pero banca, obedece a una estrategia coordinada con los Milei como carta “catch all” de la derecha, o los Milei filtran esa versión de alta política porque no están en condiciones de frenarla, menos ahora que la senadora tiene banca hasta 2031 sin depender de nadie?
“Sepia”, pero convocante
La cumbre peronista en el Hotel Emperador en agosto fue presentada como la primera de varias, a la que se sumarían eventualmente mujeres, ya que fue 100% masculina. La cita en el hotel de Retiro reunió a los jefes parlamentarios, los gobernadores opositores y los líderes de espacios internos (Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa) y habilitó la idea de una estrategia conjunta, porque “hay 2027”, en rememoración de aquel “hay 2019” de Alberto Rodríguez Saá que activó las máquinas para llegar al Frente de Todos.
Un mes después, no hay nueva cita en ciernes y el único acuerdo vigente es la resistencia conjunta a la derogación de las PASO.
Kicillof viajó el miércoles a Misiones, territorio de un partido provincial aliado del peronismo que jugó como oficialista de Milei desde diciembre de 2023. Esa provincia norteña, entre las más perjudicadas por el esquema económico libertario medido en empleos destruidos y recursos del Estado, transita la mayor novedad política en dos décadas: el fin del imperio de Carlos Rovira, informado en detalle en este diario por Pedro Lacour. El gobernador, Hugo Passalacqua, movió fichas en el momento adecuado y lo que parecía una fortaleza feudal se desmoronó como un castillo de naipes.
En pleno plan de emancipación, Passalacqua pasó de aplaudir un insulto de Milei a los opositores y un vaticinio de reelección asegurada el 4 de septiembre, en Puerto Iguazú, a recibir a Kicillof con máxima visibilidad cinco días más tarde como no hizo ningún gobernador en las excursiones del mandatario bonaerense en su proyecto de candidato a la Presidencia.
Al cabo de una jornada intensa, Kicillof encabezó un concurrido acto callejero frente a la sede del PJ de Misiones, poco más que un mero sello en los años de Rovira. Al gobernador bonaerense, sus críticos lo denuestan por tener formas y discurso “color sepia”. Si Kicillof hace política a la antigua, demostró capacidad de congregar un miércoles cualquiera de septiembre, bien entrada la noche, a una manifestación numerosa en una provincia difícil. Cabe preguntarse si hay otro político peronista —además de Cristina— que hoy demuestre el activo la convocatoria, con su sola presencia, para escucharlo hablar.
Kicillof mantendrá visitas a provincias como candidato presidencial no declarado, pero no explicitará la postulación hasta marzo de 2027. “Cuando fue candidato a gobernador, recorrió la provincia en el Clío —de su amigo y alfil político Carlos Bianco—, fortaleció el contacto personal y pasó por el costado a las internas. Ahora hace lo mismo, pero como figura nacional, dos veces electo gobernador. A cada lugar que vamos, nos encontramos con una fuerza que demuestra que el peronismo está apunto de comenzar una nueva etapa”, describe un integrante del gabinete bonaerense. La última opción que transmite Kicillof es sellar un acuerdo con los Kirchnero o Massa que reparta la vicepresidencia, cabezas legislativas y la candidatura a gobernador de la Provincia de Buenos Aires a cambio de sellar “listas de unidad” bajo su postulación a la presidencia.
“Todo lo que hacen Máximo y Massa es para quedarse con la Provincia. Creen que se gana con cualquiera, y es lo opuesto de lo que pensamos nosotros”, dice otra voz cercana al despacho de La Plata. “No negociamos de esa manera. Hace dos años que construimos para resistir que nos armen las listas el último día antes de la inscripción”, agrega.
El grado de desconfianza de Kicillof hacia Cristina y Máximo lleva a su entorno a pensar que los “outsiders” que aparecen en el firmamento, con los empresarios Daniel Hadad, Jorge Brito y Dante Gebel a la cabeza, son ensayos para probar si alguno prende o, sobre todo, diluir el nombre de Kicillof entre varios, para que la expresidenta recupere el pulso como gran electora. Ninguno de los nombrados, más cercanos a la política económica de Milei que a la de Cristina o Kicillof, se muestra propenso a postularse bajo la unción de la exmandataria.
San José 1111 va a jugar a ganar o, como previenen en el kicillofismo, a hacer daño. El gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, es una carta que suena, pero nadie en La Cámpora excluye ir “con uno nuestro”. ¿Quién? “No va a ser nadie testimonial, Cristina no piensa así”.
Si se habla de 2027, corresponde enumerar los mundos que habitan bajo el nombre de Massa. Massa es Massa, el esposo de Malena, el yerno de Moria, el padre de una egresada de la Universidad de San Martín, el ucedeísta que se transformó en peronista y va a las marchas del 24 de marzo, el odiado por Mauricio Macri, el jefe del voluble Frente Renovador, el exintendente de Tigre o el “político que mejor conoce el Estado” que definen los propios. Pero también, el que maneja terminales en la Embajada de Estados Unidos, el tiene llegada a Wall Street, el amigo de Jorge Brito, Daniel Vila, Alejandro Bulgheroni y Francisco de Narváez —ganadores por excelencia del plan Milei—, el que tejió un swap con el gobierno chino, el que financió y les llenó las listas a Milei, el que calla ante las acusaciones de que orquestó un sistema de coimas para destrabar dólares bajo las restricciones de 2023 o el asesor de Greylock Capital.
Massa es todo eso, pero para la memoria colectiva más reciente, es antes que nada el ministro de Economía que entregó la silla con 211% de inflación anual. Tras cartón, se guardó tres años y ni siquiera atinó a explicar que una parte de ese 211% se explica por la irresponsabilidad de un rival como Milei que llamaba en plena campaña a comprar dólares y desprenderse del “excremento” peso.
Hay más significados de Massa, muy presentes en el cuadro político de hoy. Dejan trascender que es el mediador entre Cristina y Kicillof, como antes lo fue entre Cristina y Alberto Fernández, y eso lo condujo a inscribir su candidatura presidencial minutos antes del cierre.
Esta semana, el exministro se dejó ver en un homenaje en CABA a José Manuel de la Sota y sumó fotos para su Instagram muteado. Se saludó con alguien que resultaría decisivo hace tres años para la victoria de Milei, el exgobernador de Córdoba Juan Schiaretti.
En simultáneo, circula la explicación en el cristinismo de que Massa puso el cuerpo en el tramo final del gobierno del Frente de Todos y que, a diferencia de Kicillof, fue “leal” a Cristina ante la sentencia a prisión.
Sentencia que —cabe recordar— Massa vaticinó que llegaría, en tiempos de enemistad, años atrás.
SL










