Javier Milei recibió este domingo a León XIV en el Aeroparque Jorge Newbery, en el comienzo de la primera visita de un Papa a la Argentina en 39 años. La escena tuvo algo de solemnidad y otro tanto de incomodidad presidencial. El pontífice descendió a las 16.45 de un avión de Aerolíneas Argentinas, mientras Milei recorría una extensa alfombra roja para saludarlo al pie de la aeronave. Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y principal encargada de los preparativos oficiales, aguardó en uno de los extremos del recorrido. Más tarde, ambos volvieron a encontrarse en la Casa Rosada, donde el jefe de la Iglesia católica saludó a los integrantes del Gabinete nacional antes de mantener una reunión privada con el Presidente.
La recepción en Aeroparque dejó una imagen poco habitual de Milei. Acostumbrado a desenvolverse con mayor soltura en actos partidarios y escenarios de confrontación política, el mandatario se mostró algo incómodo ante las cámaras durante el ceremonial. La larga caminata por la pista, en medio de un despliegue protocolar que lo obligó a asumir un papel más formal que el habitual, precedió al primer saludo con el pontífice. No hubo declaraciones ni grandes gestos políticos, sino el cumplimiento de las formalidades previstas para la llegada de una autoridad extranjera.
La siguiente escala fue la Casa Rosada, donde León XIV fue recibido en el Salón Blanco, preparado especialmente para la ocasión. Allí tuvo lugar el saludo protocolar con los ministros del Gobierno libertario, que se acercaron uno por uno a estrecharle la mano. La ceremonia permitió reunir al pontífice con buena parte de la primera línea del oficialismo, en una escena dominada por las formalidades y las fotografías oficiales. Karina , que había estado al frente de la organización de la visita, volvió a ocupar un lugar destacado durante la recepción.
Después de los saludos, Milei y León XIV mantuvieron una reunión bilateral, el primer encuentro privado entre ambos durante la visita del pontífice al país. La conversación se desarrolló antes de que el Papa continuara su agenda en el Palacio Libertad, el antiguo CCK, donde estaba previsto un encuentro con autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y miembros del cuerpo diplomático.
La visita de León XIV tiene una dimensión histórica que excede las ceremonias de este domingo. La última vez que un Papa pisó suelo argentino fue en abril de 1987, cuando Juan Pablo II recorrió el país durante la presidencia de Raúl Alfonsín. El pontífice polaco también había estado en la Argentina en junio de 1982, durante la Guerra de Malvinas. Desde entonces, ningún jefe de la Iglesia católica había vuelto al país, ni siquiera Francisco, el primer Papa argentino.
Para el Gobierno, la visita representa una oportunidad de exhibir cordialidad institucional con el Vaticano, aunque también plantea el desafío de administrar eventuales diferencias entre el discurso papal y las políticas libertarias. En la previa, funcionarios de la Casa Rosada buscaron quitarle contenido político al acontecimiento. “Es un evento religioso que llena de expectativas a los católicos de la Argentina, no hay que mezclar”, había señalado a elDiarioAR un integrante del Gobierno.
La cuestión social aparece como uno de los asuntos más sensibles para el oficialismo, especialmente ante las actividades que León XIV mantendrá con sectores vulnerables, representantes sindicales y organizaciones sociales. Mientras Milei presenta el ajuste fiscal como una condición indispensable para estabilizar la economía, la doctrina social de la Iglesia pone el acento en la dignidad del trabajo, la solidaridad y la protección de los más vulnerables. En Balcarce 50, sin embargo, relativizaron las eventuales contradicciones. “Es lo lógico viniendo de un Papa”, concedió un funcionario al ser consultado sobre la posibilidad de que el pontífice hiciera hincapié en la situación social.
PL/CRM










